Opino que correr es una forma de meditación activa. Hay días en que mis pensamientos fluyen como un líquido deslizándose suavemente desde mi mente para acabar difuminándose entre las ramas, las plantas y las piedras del camino. Otros días en cambio adoptan una forma sólida que acaba anclada en algún rincón de mi cabeza hasta que papel (o teclado) en mano me decido a abrir una puerta para que salgan de su escondite y se conviertan en palabras escritas.
Hoy, mientras mis piernas me llevaban monte arriba, mi cabeza ha viajado al pasado mientras recordaba los años en que, siendo una niña-casi-adolescente, me entrenaba en la escuela de atletismo de mi pueblo. Me ha venido a la mente la figura de la que fue mi entrenadora, Ana, licenciada en educación física y corredora de gran nivel, y he recordado la manera en que corría por aquella época y cuánto parecen haber cambiado las cosas. Pero, ¿realmente han cambiado tanto? ¿Corremos ahora de un modo tan diferente a como se hacía antes? ¿Han cambiado tanto los métodos de entrenamiento, el calzado, la concepción de lo que se considera una buena técnica de carrera? No lo tengo tan claro. Por algún motivo extraño esos pensamientos han estimulado mis músculos y tendones y han aumentado la velocidad de mis piernas. Y todos ellos, piernas y pensamientos unidos, me han llevado casi en volandas durante todo el recorrido.
Al detenerme las ideas seguían ahí, ahora ya sólidas y prestas para ser escritas.
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martes, 29 de julio de 2014
domingo, 27 de octubre de 2013
En defensa del running
Hace unas
semanas tuve la suerte de asistir a un fin de semana paleo en Mas Duran
organizado impecablemente por Soy Manada y con la inestimable presencia de
Robert Sánchez, David Lampón y Pau Oller, cuyos conocimientos y saber hacer llenaron
de contenido el fin de semana. Durante esos 2 días, además de comer de
maravilla, movernos de un modo evolutivamente coherente y aprender sobre salud
y alimentación, también conversamos, discutimos e intercambiamos ideas de todo
tipo. Hubo tiempo incluso para hablar de lo que yo llamo el sexo de los ángeles, es decir, ese tipo de conversaciones
destinadas a la nada porque el razonamiento las ha llevado al absurdo racional
pero tan inherentemente propias del homo
sapiens que siempre resultan interesantes. Fueron tantos los momentos,
tantas las ideas y tantas las conversaciones surgidas después de ese fin de
semana que podría pasarme horas o incluso días escribiendo.
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