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miércoles, 27 de enero de 2021

Años que parecen siglos

Son años pero parecen siglos. Pasaron tantas cosas que mirando atrás apenas me siento capaz de reconocer algunas de aquellas con las que antes me identificaba. No lo decidí pero sucedió. De repente crecí mientras a mi alrededor el mundo se hacía cada día más pequeño.

A veces sucede que las familias se transforman, los hijos se pueden convertir en padres, los hermanos en extrañas figuras geométricas, los amigos en parientes cercanos, los mayores en pequeños y los pequeños en gigantes de hombros anchos y piernas enclenques. Aparecen maestros y aprendices y, de repente, lo obvio se abre camino: las personas débiles y frágiles necesitan amor y protección y lo demás puede esperar.

Quise recoger mi mente y esperar, al tiempo que expandía mi cuerpo intentando llegar allí donde parecía necesario hacerlo. Como panes y peces, multipliqué mis acciones para suplir las ausencias que más duelen y en el camino dejé atrás sueños, personas y palabras. Enmudecí, quizás porque escribir me parecía un acto frívolo de esos de los que se puede prescindir cuando la vida impone su imagen más dura y toca estar a la altura.



sábado, 17 de noviembre de 2018

Y de repente el suelo está frío

Hace tiempo que el tiempo me pilla a contrapié. Ante mí surgen imágenes borrosas de días sucediéndose en un continuo desfilar. La luz brillante se ha hecho tenue y los días llorosos, y de repente noto el suelo frío bajo mis pies. 

Hacía demasiado tiempo que no tenía tiempo para correr hasta que hace unos días encontré por fin un momento para hacerlo. Me sorprendió en primer lugar el frío, alguien se había llevado el calor sin avisar. El suelo me pareció más áspero de lo usual y la luz había dejado de tener ese brillo de los días de verano. 



A veces cuando corro conecto con una parte de mi yo que me permite tener una experiencia diferente del mundo. Sabía, sé, que hace ya semanas que el verano se marchó pero no fue hasta que salí a correr descalza por las calles de mi ciudad que lo sentí de esa manera intensa en que se sienten las cosas que no se pueden obviar. 

Los músculos desentrenados no fueron un obstáculo, volver a correr me pareció algo tan normal que pude hacerlo sin más, olvidando que lo estaba haciendo. El suelo pronto dejó de estar frío y el frío se convirtió en calor. Cerré los ojos y me dejé inundar por un mundo paralelo de ideas, endorfinas, música y emociones mientras mis pies me hacían avanzar sin esfuerzo, como si no hubieran pasado muchas, demasiadas semanas desde la última vez que había salido a correr. 

jueves, 20 de octubre de 2016

Del uso y abuso de la histerectomía o sobre cómo las modas influyen en la práctica médica

Corriendo en busca de la hemoglobina perdida 


Mantengo fresco el recuerdo del último día que salí a correr, un domingo por la mañana de la primavera pasada. Después de un comienzo de año difícil no estaba en mi mejor momento de forma; llevaba meses con problemas de salud que, hasta ese momento, estaba segura de poder controlar. Ese día en concreto me sentía débil y a la vez eufórica; es lo que tienen las endorfinas producidas durante el ejercicio. Corría descalza cuando me encontré a mi hermano, que también corría sin zapatillas, y compartimos unos minutos de conversación y zancadas antes de despedirnos porque él acababa su entreno mientras que yo apenas empezaba el mío. Guardo el recuerdo de ese día porque desde entonces no he podido volver a correr. Esa misma noche tuve una hemorragia importante que hizo que durante unos segundos perdiera la conciencia y me desplomará en el suelo. 


Hoy, más de 5 meses después, me encuentro aquí dispuesta a escribir un post diferente en el que no me centraré en el running ni en la alimentación, pero en el que sí que hablaré de salud, o más bien de la falta de ella, y también de ejercicio físico aunque de un modo diferente a como lo he hecho hasta ahora.